La mirada [fotográfica]

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La autoconciencia frente al espejo digital

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“El sujeto comienza tomándose a sí mismo, a su propio cuerpo, como objeto de amor”. S. Freud

Es evidente que la cámara ha substituido al espejo, especialmente desde la llegada de la fotografía digital (numérica), como herramienta que permite al sujeto conocerse externamente. Tal como ya se comento en el post titulado “La identidad se construye de dentro hacia fuera y de fuera hacia dentro”, el sujeto, entre muchas otras cosas, debe reconocerse para construir su identidad. Debe hacerlo además en un doble sentido: físico y psicológico, los cuáles se relacionan entre sí. El niño cuando nace viene capacitado innatamente con potentes herramientas que le permiten procesar información del medio y de él mismo, pero tarda un tiempo en poder construir un conocimiento ordenado y con sentido de todo ello. En el caso de la construcción de su identidad, de su “yo”, es un trabajo lento que se inicia en el mismo momento del nacimiento y que acaba de culminar en la adolescencia. Aunque es cierto que el primer reconocimiento de uno mismo se da ya cerca del segundo año de vida, al reconocer el sujeto su imagen en un espejo. Pero la identidad de uno mismo no es solamente esa información del cuerpo, de lo físico, sino también de lo psicológico. Al reconocerse en el espejo el niño también se reconoce como alguien con unas características psicológicas determinadas. En ese contexto de construcción intervienen también los otros, pues nos devuelven nuestra propia imagen también de alguna manera. Pero no es de ese último aspecto del que se va a tratar en este post, sino del otro. Es decir, la forma en el que elementos culturalmente inventados: como el espejo o la fotografía, permite a las personas formarse una imagen mental de su aspecto físico y reconocerse en ella como sujeto propio diferente a los demás física y psicológicamente.

Son clásicos los estudios de Wallon o de Lacan sobre esa fase en la que el niño empieza a reconocerse en el espejo al mirarse, lo que mucho más recientemente Gordon Gallup ha llamado “la conciencia frente al espejo“. Anteriormente a ese momento el niño veía en su reflejo a otro, a alguien que no conoce y con el que no se identifica. Precisamente por eso Lacan decía que el sujeto inicialmente se reconoce en el otro, en un semejante (su reflejo que él aún no reconoce como tal), ya que un día descubre que ese otro es él. Ese es un descubrimiento fundamental para la construcción de la identidad. De repente el niño descubre que tiene existencia propia, como individualidad, dentro de ese inmenso mundo de sujetos y objetos que observa cada día. Desde ese mismo momento irá percibiéndose como un “yo” distinto a los otros. Sumará a esa imagen física recientemente reconocida una ingente cantidad de información psicológica respecto a sí mismo. Pero, el alcance de la autoconciencia es aún mucho mayor, pues desde aquí también podrá diferenciar los estados mentales de los demás, y por ello podrá comprender la mente de los otros como diferente a la suya.

Se podría pensar que desde ese momento el sujeto no necesita ya reconocerse en el espejo. Sin embargo, parece que esa afirmación no es cierta, ya que continuamos mirándonos a menudo, reconociéndonos continuamente. Como si quisiéramos repetir ese descubrimiento una y otra vez. ¿Porqué nos gusta tanto reconocernos de nuevo en esa imagen reflejada de nosotros mismos?. La respuesta parece que tiene que ver más con un proceso emocional que cognitivo. El concepto “narcisismo” pueda tal vez iluminar algo esa respuesta. A pesar de no ser el primero en usar ese término, Freud fue quien le dio al término un contenido muy significativo para la psicología dinámica. Diferenció entre el narcisismo primario y secundario. El narcisismo primario está ligado a los primeros meses de de vida del niño en los cuales está ocupado en satisfacer sus necesidades y no tiene demasiado en cuenta el mundo externo. En wikipedia podemos leer: “Esta etapa está signada por la incapacidad del niño para reconocer al objeto, entendiendo por tal al mundo, las cosas y las personas que lo rodean, es decir, el recién nacido es incapaz de reconocer un mundo distinto a sí mismo. Todo su erotismo y/o energía libidinal es autodirigida y el mundo exterior no existe” . Es en este sentido que el sujeto se toma a sí mismo como objeto de amor. Al continuar desarrollándose el niño empieza a reconocer el mundo de las personas y de los objetos y el narcisismo se torna en secundario y deja de estar centrado en sí mismo. Ahora el mundo existe en función de las necesidades del sujeto. La energía libidinal va del sujeto al objeto y después retorna a éste.

La historia de la fotografía esta repleta de selfportraits famosos y no tan famosos, que permiten al fotógrafo redescubrir su cuerpo continuamente. ¿Quién no ha enfocado su cámara hacia su propio cuerpo?. Ningún fotógrafo que se precie de serlo. El goce que permite esa mirada es a menudo un goçe privado, pero otras veces es muy público. Actualmente el auge de la cámara digital, que nos facilita ese redescubrimiento constante, y el avance de las redes sociales en internet no solamente permiten que uno se identifique en ese cuerpo que acaba de retratar, sino que además lo haga público y lo enseñe al mundo entero. ¿Es ese un narcisismo primario o secundario?. ¿El sujeto que se retrata a si mismo, especialmente si se trata de un desnudo, lo hace porqué está centrado únicamente en si mismo y solamente goza de esta forma, o más bien busca al otro, para acabar encontrándose a sí mismo?.

Lacan, releyendo a su manera a su maestro, consideró que el estadio del espejo, al que nos referíamos antes, es una manifestación claramente narcisista en la que el sujeto se “enamora” al descubrirse en ese espejo, y lo hace en forma de interiorización de otro que resulta finalmente ser uno mismo. El sujeto llega a construir su identidad gracias al otro. Tal vez el resto de la vida necesitamos reenamorarnos de nosotros mismos una y otra vez, y nos miramos y remiramos en el espejo, o nos fotografiamos por esta razón: para descubrir nuestra identidad. Tal vez suceda que la fotografía es usada entonces en función de las necesidades del sujeto de contacto con el exterior, para que el mundo le devuelva la imagen de si mismo. Si es así, entonces es bastante probable que esa reproducción de uno mismo sea un intento continuo de interiorizarse.

En realidad lo que intentamos al retratarnos es contestar a esas inquietantes preguntas: ¿quién soy?, ¿cómo soy?, ¿porqué soy así?. Aunque siempre existe la posibilidad de que sea un asunto más “primario” e infantil.

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Fotografías:

* self portrait de Bessia usuaria de flckr

** self portrait de Kristina Krusse

*** self portrait anonimous

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Escrito por Josep A. Pérez Castelló

14 Febrero 2010 a 19:55

El retrato de Dorian Grey

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En el interesantísmo prólogo del libro de Barthes “La cámara lúcida” se muestra el siguiente párrafo:Oscar Wilde

“La fotografía recoge una interrupción del tiempo a la vez que construye sobre el papel preparado un doble de la realidad. De ello se infiere que la muerte, o lo que es lo mismo: la evidencia del esto-ha-sido, va ligada esencialmente a la aparición (o elaboración) del doble en la imágen fotográfica”(Sala-Sanahuja, 1989, p.21)

La lectura de este texto me hace reflexionar especialmente sobre dos temas: en primer lugar, en la fotografía como una interrupción del tiempo, pero, en segundo lugar, también en la fotografía como la elaboración de un doble. Sobre estos dos aspectos es sobre los que encuentro interesante divagar. Aunque bien se podría decir que ambos conjuntamente son las dos caras de una misma moneda, puesto que la aparición de ese doble detiene el paso del tiempo, a la vez que paradójicamente nos muestra algo que nos angustia, algo desconocido a lo que tememos y que nos recuerda de alguna manera una pérdida (asociada a la noción de muerte). Tal vez aparece ese miedo porqué la presentación de ese doble de uno mismo (el retrato) está ligada al descubrimiento del otro que habita en uno mismo, y ese conocimiento siempre es perturbador, puesto que de alguna forma muestra un saber que no se sabe que se tiene (el saber inconsciente) y por tanto, es una muestra clara de que uno nunca sabe bien quién es.

Intentaré a continuación analizar por separado ambos temas.

El retrato muestra que alguien ha sido

En primer lugar, estaría la idea de que siempre que hay un retrato es la muestra de que alguien-ha-sido en un momento temporal distinto al actual (tal como comenta el propio Sala-Sanahuja). Tal vez por este motivo, el tema del “retrato” tiene que ver con el “mito de la eterna juventud”, tan bien plasmado por Oscar Wilde en su única novela “El retrato de Dorian Grey”. Dorian era un apuesto, narcisista y seductor joven que a través del retrato que le pinta un amigo que es pintor, quiere retar al paso del tiempo. Desde el momento en que su retrato está acabado, es sobre éste sobre quien pasa el tiempo, mientras que el joven permanece siempre en el mismo estado juvenil. La foto se ennegrece,se mustia, se resquebraja, mientras que Dorian continúa igual. Cuadro y modelo han intercambiado los papeles en la ficción recreada por Wilde. A través del extraño retrato que ha realizado su amigo, Dorian consigue evitar la decadencia del cuerpo, de su cuerpo.

En el mundo real no es posible el acontecer que sucede en la ficción, pero de una manera diferente sucede igual. El sujeto retratado se ve a si mismo en otro momento anterior, cuando aún su cuerpo era un cuerpo deseable y deseado. Consigue vencer el paso del tiempo cuando la plata queda revelada y fijada primero en el negativo y después en el papel. Ese es él en otro momento y probablemente en otro lugar. Por mucho tiempo que pase continuará, en la fotografía, siendo el mismo. Así su narcisismo, que es el mismo que llevo a Dorian a ser retratado, permanece satisfecho. Por ello el retrato, ese que es el doble de uno mismo, conecta al modelo con su narcisismo primario y también con la primera conciencia que tuvo de él mismo cuando reconoció su propia imagen en el espejo en algún momento entre el primer y el segundo año de vida.

La imagen del cuerpo es muy importante para el desarrollo de nuestra identidad, especialmente la sexual. La fotografía, al igual que el espejo, nos evidencia cuál y cómo es nuestro cuerpo. Tal vez por ello nos asusta.

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Sala-Sanahuja, J (1989) Prólogo. En: R.Barthes (Ed) La cámara lúcida. Barcelona: Ed. Paidós

*Retrato de Oscar Wilde tomado de Wikipedia

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Escrito por Josep A. Pérez Castelló

11 Noviembre 2009 a 19:59