La mirada [fotográfica]

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El doble que nos enfrenta

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bayardEl retrato crea un doble del cuerpo y del rostro que hacía de modelo. Es un doble que ha quedado captado en el negativo. Todo retrato es el doble de uno mismo, como una sombra. La sombra siempre va unida al cuerpo, es una muestra de su existencia, igual sucede con la imagen del espejo. En este sentido la imagen como doble puede remitir a la muerte a través del placer, del sexo. Como dijo Freud la muerte y el sexo son los extremos de un mismo hilo que a menudo se tocan. La percepción de uno mismo, el placer que provoca, gusta y asusta por igual. El sujeto al observarse a si mismo siente un placer narcisista y, tal como le sucedió al propio Narciso en la leyenda mitológica, uno puede quedar tan embelesado en su propia imagen que puede ahogarse en ella. Ese es el principal temor del que es retratado, especialmente si es autoretratado: la ansiedad de amarse demasiado, de consolarse con su propia imagen.

El niño, aproximadamente hacia los dos años, como bien explicó Lacan, descubre su imagen en el espejo. En ese momento el sujeto empieza a tomar conciencia de su propia existencia. Esa conciencia transforma totalmente al individuo, ya es uno entre otros. Aparece el narcisismo en este instante en el que se toma conciencia de uno mismo como alguien distinto y diferente a los demás: interna y externamente.

El concepto del “yo” tiene dos formas: la del cuerpo y la de la mente, ninguna es directamente observable en su totalidad. En el caso del cuerpo esa observación de uno mismo en su totalidad, solamente es posible gracias a instrumentos culturales y tecnológicos: el espejo, el vídeo, la fotografía, el cine. El “uso” del cuerpo a menudo provoca placer, incluso si ese uso viene determinado simplemente por la propia mirada, por la visión de la propia desnudez. El ojo a menudo es un órgano fundamental del placer, más incluso que el tacto. El niño que se reconoce en el espejo, en la fotografía, empieza a experimentar ese placer.

Pero la imagen del espejo también es comprendida como la imagen del otro, pues estamos acostumbrados a ver al otro, pero no a vernos a nosotros mismos. Por ello a menudo vemos al otro en nosotros al observarnos en una fotografía. Ese otro del espejo en realidad es falso, es solamente una imagen, una copia, un doble del real filtrada por la conciencia. A la interpretación de esa imagen de la que tenemos conocimiento debe sumarse la de aquella de la cual no tenemos, pero que se encuentra también en nosotros. Así lo expresa Carmen Ribés:

“La imagen del cuerpo como culminación del orden de lo especular es, la imagen del otro y a la vez la imagen del cuerpo propio constituyéndose como otro en el espejo”. Por tanto, la imagen del cuerpo tapona un agujero, cubre a través de la representación del objeto la ausencia del mismo. Así, la fase del espejo contiene un mecanismo de anticipación y de retroacción, ya que a partir del momento en que el sujeto da forma a la imagen de su cuerpo, este comienza a percibirse como algo deficitario, en permanente estado de fragmentación. La imagen del propio cuerpo, por tanto,toma el valor de un objeto (puesto que es exterior, procede del espejo) y cataliza “la mayor parte del capital libidinal del sujeto que podrá invertir en otros objetos.”

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Foto: Bayard. La foto es uno de los primeros autoretratos de la historia de la fotografía.

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Escrito por Josep A. Pérez Castelló

15 Noviembre 2009 a 10:10