La mirada [fotográfica]

Un blog sobre la función de la mirada

Archivo para noviembre 2009

El doble que nos enfrenta

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bayardEl retrato crea un doble del cuerpo y del rostro que hacía de modelo. Es un doble que ha quedado captado en el negativo. Todo retrato es el doble de uno mismo, como una sombra. La sombra siempre va unida al cuerpo, es una muestra de su existencia, igual sucede con la imagen del espejo. En este sentido la imagen como doble puede remitir a la muerte a través del placer, del sexo. Como dijo Freud la muerte y el sexo son los extremos de un mismo hilo que a menudo se tocan. La percepción de uno mismo, el placer que provoca, gusta y asusta por igual. El sujeto al observarse a si mismo siente un placer narcisista y, tal como le sucedió al propio Narciso en la leyenda mitológica, uno puede quedar tan embelesado en su propia imagen que puede ahogarse en ella. Ese es el principal temor del que es retratado, especialmente si es autoretratado: la ansiedad de amarse demasiado, de consolarse con su propia imagen.

El niño, aproximadamente hacia los dos años, como bien explicó Lacan, descubre su imagen en el espejo. En ese momento el sujeto empieza a tomar conciencia de su propia existencia. Esa conciencia transforma totalmente al individuo, ya es uno entre otros. Aparece el narcisismo en este instante en el que se toma conciencia de uno mismo como alguien distinto y diferente a los demás: interna y externamente.

El concepto del “yo” tiene dos formas: la del cuerpo y la de la mente, ninguna es directamente observable en su totalidad. En el caso del cuerpo esa observación de uno mismo en su totalidad, solamente es posible gracias a instrumentos culturales y tecnológicos: el espejo, el vídeo, la fotografía, el cine. El “uso” del cuerpo a menudo provoca placer, incluso si ese uso viene determinado simplemente por la propia mirada, por la visión de la propia desnudez. El ojo a menudo es un órgano fundamental del placer, más incluso que el tacto. El niño que se reconoce en el espejo, en la fotografía, empieza a experimentar ese placer.

Pero la imagen del espejo también es comprendida como la imagen del otro, pues estamos acostumbrados a ver al otro, pero no a vernos a nosotros mismos. Por ello a menudo vemos al otro en nosotros al observarnos en una fotografía. Ese otro del espejo en realidad es falso, es solamente una imagen, una copia, un doble del real filtrada por la conciencia. A la interpretación de esa imagen de la que tenemos conocimiento debe sumarse la de aquella de la cual no tenemos, pero que se encuentra también en nosotros. Así lo expresa Carmen Ribés:

“La imagen del cuerpo como culminación del orden de lo especular es, la imagen del otro y a la vez la imagen del cuerpo propio constituyéndose como otro en el espejo”. Por tanto, la imagen del cuerpo tapona un agujero, cubre a través de la representación del objeto la ausencia del mismo. Así, la fase del espejo contiene un mecanismo de anticipación y de retroacción, ya que a partir del momento en que el sujeto da forma a la imagen de su cuerpo, este comienza a percibirse como algo deficitario, en permanente estado de fragmentación. La imagen del propio cuerpo, por tanto,toma el valor de un objeto (puesto que es exterior, procede del espejo) y cataliza “la mayor parte del capital libidinal del sujeto que podrá invertir en otros objetos.”

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Foto: Bayard. La foto es uno de los primeros autoretratos de la historia de la fotografía.

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Escrito por Josep A. Pérez Castelló

15 noviembre 2009 a 10:10

El retrato de Dorian Grey

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En el interesantísmo prólogo del libro de Barthes “La cámara lúcida” se muestra el siguiente párrafo:Oscar Wilde

“La fotografía recoge una interrupción del tiempo a la vez que construye sobre el papel preparado un doble de la realidad. De ello se infiere que la muerte, o lo que es lo mismo: la evidencia del esto-ha-sido, va ligada esencialmente a la aparición (o elaboración) del doble en la imágen fotográfica”(Sala-Sanahuja, 1989, p.21)

La lectura de este texto me hace reflexionar especialmente sobre dos temas: en primer lugar, en la fotografía como una interrupción del tiempo, pero, en segundo lugar, también en la fotografía como la elaboración de un doble. Sobre estos dos aspectos es sobre los que encuentro interesante divagar. Aunque bien se podría decir que ambos conjuntamente son las dos caras de una misma moneda, puesto que la aparición de ese doble detiene el paso del tiempo, a la vez que paradójicamente nos muestra algo que nos angustia, algo desconocido a lo que tememos y que nos recuerda de alguna manera una pérdida (asociada a la noción de muerte). Tal vez aparece ese miedo porqué la presentación de ese doble de uno mismo (el retrato) está ligada al descubrimiento del otro que habita en uno mismo, y ese conocimiento siempre es perturbador, puesto que de alguna forma muestra un saber que no se sabe que se tiene (el saber inconsciente) y por tanto, es una muestra clara de que uno nunca sabe bien quién es.

Intentaré a continuación analizar por separado ambos temas.

El retrato muestra que alguien ha sido

En primer lugar, estaría la idea de que siempre que hay un retrato es la muestra de que alguien-ha-sido en un momento temporal distinto al actual (tal como comenta el propio Sala-Sanahuja). Tal vez por este motivo, el tema del “retrato” tiene que ver con el “mito de la eterna juventud”, tan bien plasmado por Oscar Wilde en su única novela “El retrato de Dorian Grey”. Dorian era un apuesto, narcisista y seductor joven que a través del retrato que le pinta un amigo que es pintor, quiere retar al paso del tiempo. Desde el momento en que su retrato está acabado, es sobre éste sobre quien pasa el tiempo, mientras que el joven permanece siempre en el mismo estado juvenil. La foto se ennegrece,se mustia, se resquebraja, mientras que Dorian continúa igual. Cuadro y modelo han intercambiado los papeles en la ficción recreada por Wilde. A través del extraño retrato que ha realizado su amigo, Dorian consigue evitar la decadencia del cuerpo, de su cuerpo.

En el mundo real no es posible el acontecer que sucede en la ficción, pero de una manera diferente sucede igual. El sujeto retratado se ve a si mismo en otro momento anterior, cuando aún su cuerpo era un cuerpo deseable y deseado. Consigue vencer el paso del tiempo cuando la plata queda revelada y fijada primero en el negativo y después en el papel. Ese es él en otro momento y probablemente en otro lugar. Por mucho tiempo que pase continuará, en la fotografía, siendo el mismo. Así su narcisismo, que es el mismo que llevo a Dorian a ser retratado, permanece satisfecho. Por ello el retrato, ese que es el doble de uno mismo, conecta al modelo con su narcisismo primario y también con la primera conciencia que tuvo de él mismo cuando reconoció su propia imagen en el espejo en algún momento entre el primer y el segundo año de vida.

La imagen del cuerpo es muy importante para el desarrollo de nuestra identidad, especialmente la sexual. La fotografía, al igual que el espejo, nos evidencia cuál y cómo es nuestro cuerpo. Tal vez por ello nos asusta.

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Sala-Sanahuja, J (1989) Prólogo. En: R.Barthes (Ed) La cámara lúcida. Barcelona: Ed. Paidós

*Retrato de Oscar Wilde tomado de Wikipedia

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Escrito por Josep A. Pérez Castelló

11 noviembre 2009 a 19:59

La cámara lúcida

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daguerreLa fotografía como representación del pasado revivido en el presente tiene su máximo exponente teórico en Roland Barthes. Su libro “La cámara lúcida” es un trabajo sobre la fotografía al que le sigue una reflexión sobre la muerte y su inevitabilidad. La única forma de obtener una cierta inmortalidad es a través de la fotografía. Si su famoso libro “Fragmentos de un discurso amoroso” se centraba en el amor, éste se centra sobre su contrario analítico.

Barthes toma varias fotografías antiguas y las analiza, las escucha, quiere saber lo que le dicen. No es por tanto, en si mismo, un libro sobre fotografía, pero si sobre las fotografías. Él quiere descubrir el lenguaje con el que habla la fotografía refiriéndose al pasado, pues toda fotografía por definición es pasada. El tiempo ha transcurrido ya desde el momento en que se cerró la cortinilla del obturador.

Barthes trata de descubrir, como dice la contraportada de su libro “los mecanismos de la escritura fija”. Esa que se inscribió en el negativo. El autor quiere descubrir el signo expresivo que hay detras de cada toma. Es por tanto un libro sobre semiología de la fotografía.

Pero, desde mi perspectiva, es más aún. Si, como decía Lacan, el inconsciente se estructura como un lenguaje, creo que la fotografía es una de las herramientas en que ese lenguaje se expresa. Muchos de los contenidos del inconsciente tienen que ver con Thanatos (como señaló primeramente Freud). Tal vez por ello, para vencer a su miedo a la muerte, el hombre siempre ha querido representar su contraria: la vida. Primero con el dibujo en las cuevas de los primeros hombres, en la pintura religiosa, etc. Finalmente llego la fotografía como gran aliada. En el momento que Niepce o Daguerre empezaron a conseguir que las imagenes quedasen fijadas sobre una superficie, lo mágico ya estaba ahí. El pasado ya nunca volvería a ser el mismo, una parte de él podía ser fijada. Se había conseguido derrotar al tiempo.

Sobre todos estos temas divaga Barthes en su libro.

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Barthes, R. (1989) La cámara lúcida. Barcelona: Paidós comunicación.

*La fotografía de Daguerre está tomada de Wikipedia

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Escrito por Josep A. Pérez Castelló

10 noviembre 2009 a 22:33

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